Me costó al principio, escribir acerca de un lugar carente de conflictos. Toda historia se supone que tiene una introducción, un nudo y un desenlace. Fue difícil no tener ningún nudo que resolver y escribir una historia sin fin. Sin embargo, con el pasar de los días, logré dejarme llevar por la belleza del lugar, por las personas y por las situaciones de
las cuales escribía. Y fue de lo más hermoso.
Me faltó tanto por hacer con mi hija y para ella que al menos quiero recordarla, llorarla, escribir sobre ella. Mantener su recuerdo vivo. A mi manera. Escribiendo.
Esta es mi manera de ver el Cielo y a mis seres queridos viviendo felices en él. Todo lo que escribí es fruto de mi imaginación. La que he desarrollado enormemente desde que Valu se fue, con una terrible necesidad de ubicarla en un lugar real y no abstracto, haciendo las cosas que ella amaba hacer acá.
Este libro es el corazón de una mamá. Una mamá sin su Valu. Con moretones, cicatrices, pero con mucha FE.
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