Cada vez que estoy frente a un desafío, me sobreviene el desgano y la congoja, sin embargo, como Dios tiene por costumbre conmigo, me termina sorprendiendo con algo lindo. Hermoso día de sol disfrutamos ayer, de esos que me gustan mucho, con un poquito de viento y rodeada de personas a quienes, al igual que a mí, escribir les llena el alma.

Pude conocer tanta gente que se interesó en escuchar nuestra historia y en dar una mano a los nenes en tratamiento. Siempre que tengo oportunidad de desplegar el estandarte de mi querida Valu, el primer impulso que tengo, sinceramente, es quedarme en casa.

Pero ya sé, a estas alturas, que cuando más triste estoy es cuando más le tengo que dar para adelante y aprovechar las causalidades que Dios prepara para que el dolor se convierta en otras cosas, en solidaridad, en dibujos, en cuentos para niños, en una casi primaveral tarde de sol…

 

Daniela Pisano

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